a: 25 de julio 2026
Este documento analiza el caso del pueblo Kichwa de Sarayaku vs. Ecuador como un precedente fundamental para repensar el derecho a la salud desde una perspectiva intercultural. Se parte de un problema concreto: la destrucción de plantas medicinales por parte de la petrolera CGC en el territorio de Sarayaku, que afectó no solo el acceso a recursos curativos, sino la cosmovisión misma de la comunidad. A partir de la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (2012), se explora cómo la protección del territorio es condición indispensable para la salud indígena. Se concluye que el derecho a la salud intercultural no puede garantizarse sin intérpretes de saberes ni sin garantías territoriales, y se propone una hermenéutica diatópica que traduzca las visiones de salud desde las cosmovisiones ancestrales.
Mientras el mundo occidentalizado colapsaba en aquel mayo de 2020 —presa de una epidemia provocada, como siempre, por la miseria, la corrupción, el hacinamiento y la falta de recursos reales para el bienestar general—, existían personas con la misma genética que nosotros, las mismas capacidades, pero con una diferencia abismal.
En Sarayaku, sin más tecnología que una canoa, pero con gran sentido de responsabilidad adulta, los sabios botánicos ancestrales hicieron lo propio, navegaron cuatro horas río abajo por el río Bobonaza y le pidieron permiso a los árboles para arrancarles un trozo de corteza. No para patentar la Vaca Marina, el Runa Kaspi o el Sacha Ajo. No por beneficio personal. No por ambición. Sino para salvar vidas.
La diferencia entre nosotros, los occidentalizados "modernos", colonialistas, adoradores de la Santísima Economía Mercantilista, es que cuando nosotros hablamos de salud, simplemente pensamos en “la ausencia de la enfermedad”. Los pueblos originarios como Sarayaku, piensan en Equilibrio, y mientras nosotros hacemos largas filas para ver a otro humano igual de explotado, azotado y vilipendiado que nosotros, pero que estudió medicina durante 15 años para obtener una pastilla milagrosa, producto del extractivismo colonial, que nos permita seguir siendo explotados otras 8 horas diarias 7 días de la semana, al menos por un año más, ellos, los pueblos originarios, estudian desde niños: observan, escuchan, huelen, sienten, verbalizan el bienestar y el malestar durante décadas antes de "recibir el llamado" y convertirse en Yachak. No para “llegar a ser” sino para seguir observando, aprendiendo, sintiendo la vida y compartiendo a la siguiente generación como lo han hecho por milenios y con el más puro método científico funcional. A mi bisabuela, le preguntaban "¿Eres una bruja?", y ella siempre respondía: "Me dicen bruja, pero si lo soy o no, eso no se va a saber hasta que me muera".
Y no estoy tratando de decir que en los pueblos originarios todo sea perfecto, ni que los occidentales no tengamos beneficios y privilegios, lo que intento decir es que nosotros tenemos la enfermedad del unilateralismo, la idea de que debemos conseguir la perfección, la comodidad absoluta e infinita, aunque la consecuencia sea la muerte de toda la humanidad, y la cura que los pueblos originarios tienen: el Yanantin o el Ometéotl, que es la dualidad que se complementa, no en un sentido positivo y negativo, sino en Equilibrio.
La salud humana no es de 15 minutos por persona, así como la charla sobre la selva ”no es de media hora", como les dijo Medardo Santi a los "biólogos" de la petrolera que presionaban al Estado — ya con coimas o con amenazas— otorgando concesiones petroleras, destruyendo Nuestro territorio —de la Amazonia Ecuatoriana y de la humanidad— y con él, la farmacia viva de la humanidad, porque esas concesiones destruyen el Equilibrio.
Recorreremos aquí el caso Sarayaku vs. Ecuador y cómo la Corte IDH vinculó por primera vez la destrucción de plantas medicinales con la violación del derecho a la vida y a la propiedad comunal, gracias en parte a los extraordinarios intérpretes que no sólo tradujeron palabras, sino cosmogonías. Reflexionaremos sobre la necesidad de una hermenéutica diatópica en salud —que, para que se entienda, significa salirnos de lo que nos enseñaron nuestros entrenadores colonializadores, para comenzar a pensar, no solo en Sarayaku, sino en el idioma de la tierra, que es a quien realmente pertenecemos.
Y no: no fumo mariguana, no soy wika, no tengo cuarzos ni leo el tarot. Esos son sesgos que nos enseñaron para quitarle valor a la tierra y podérsela repartir entre corporaciones. De hecho, el único motivo que encuentro lógico para explicar la codicia desmedida del 1% extractivista, es que no han logrado pasar su fase anal, esa que los bebés de 2 a 4 años atraviesan y que no les permite razonar más allá de sus necesidades básicas.
Como no me interesa impresionar a nadie ni hablar en académico, voy a hablar en mi idioma para que me entienda la mayoría y no solo tres académicos pedantes, que admiro mucho, pero que no nos hacen bien como humanidad estratificando a algunos como lerdos y a otros como letrados, otra de las grandes mentiras que seguimos consumiendo.
Rama 1: El territorio como condición de salud
Y sí, la medicina occidental ha logrado grandes cosas, el problema no es ni las universidades, ni los institutos de investigación, ni las y los médicos en particular, el problema es esta maquinaria que permite que casi 4 millones de personas mueran de diabetes al año en el planeta, a pesar de que sabemos perfectamente cómo evitarlo y que si no se hace, es porque las corporaciones no quieren perder un centavo vendiendo sus toneladas de azúcares añadidos.
Pero la cosmovisión kichwa entiende que la salud no está solo en el cuerpo, sino en el equilibrio con la Sumak Kawsay, la selva. Nosotros tenemos bonitos o feos hospitales a los que sí o no podemos acceder, pero en Sarayaku existe el equilibrio y la vida en comunidad con la tierra, el territorio, por eso se genera el Sasi Wasi, el centro de sanación tradicional que se construyó para resistir al extractivismo y preservar un conocimiento médico que toda la humanidad estará rogando encontrar si deviene, como sabemos que pasará tarde o temprano, una llamarada solar que extinga la electricidad por varios meses o incluso años y que no, Tom Cruise no será capáz de revertir.
El Sasi Wasi, está siendo apoyado por La Fundación Danielle Mitterrand para su construcción en 2006 "promoviendo la medicina indígena" y garantizar la transmisión del conocimiento a nuevas generaciones, no se trata sólo de medicina, no se trata sólo del cuerpo humano, se trata de proteger el territorio, y es que este centro no es un "detalle cultural", se trata de Soberanía de la salud que depende de la tierra, el territorio que en tantos otros pueblos ya perdimos, matando el equilibrio, la cultura y con ello, la salud de nuestros hijos rehenes de las redes sociales, cambiamos el oro por espejitos.
Lector, lectora, no quiero que pienses que estoy pidiendo que mañana todos nos convirtamos en Sarayaku y abandonemos nuestras casas, automóviles, hospitales, vacunas y medicinas, te prometo que no te quiero quitar tu lavadora y tu aspiradora, yo misma no renunciaría a ellas, ni creo que sea necesario. Sino que quiero hablar de algo más, algo que los habitantes del pueblo Sarayaku sí entienden, pero nosotros pobres almas zoombificadas por la economía extractivista no, y es que mientras te acusan a ti de usar demasiada luz, demasiado carbón, demasiada agua, a ti que eres parte del 99% de los pobres del mundo, el 1% de la población humana mundial, los milmillonarios extractivistas, contaminan lo mismo que todos nosotros juntos. No, no leíste mal, la Oxfam, tiene bien fundado el dato de que el 1% millonario de la población humana, quienes mueven los hilos y se comportan como bebés de 2 años, contaminan lo mismo que el 99% restante, al que tú y yo pertenecemos, pero cuando se habla de prioridades, sus yates y sus jets privados, inminentemente son más importante que nuestra salud.
Como dijo Etna Santi “La actividad petrolera hasta ahora no ha beneficiado a ningún pueblo indígena” con la importantísima interpretación -traducción- de Patricia Gualinga, durante la Audiencia ante la Corte IDH del caso, pero lo que tenemos que entender todos los humanos del planeta, es que la actividad petrolera extractivista y mercantilista, ni siquiera es necesaria para asegurar nuestro bienestar.
Esto se trata de gestionar el territorio y sus recursos en beneficio real de toda la humanidad, no únicamente del 1%.
Rama 2: La Corte IDH escucha a la selva
En nuestra ignorancia, los occidentales queremos convencernos que los pueblos originarios no se suman a la “modernidad” porque son ignorantes, porque son primitivos, porque son tradicionalistas, porque les da miedo y sí, les da miedo, pero no le tienen miedo a algo desconocido, le tienen miedo a un monstruo real, tangible, palpable, osbervable y medible, pero nosotros que vivimos en sus entrañas, estamos cegados.
Parte de este monstruo, tan temible como destructivo, es la empresa CGC, con permiso del Estado, como si fuera el estado quien debiera otorgar los permisos sobre la tierra, entró al territorio, taló árboles sagrados y sembró 1.5 toneladas de explosivos para exploración sísmica, ¿y qué es esto? Es más o menos como si un médico te abriera de punta a punta y metiera tus entrañas en una licuadora para detectar la mejor manera de separar tu linfa y podérsela inyectar a un millonario, yo creo que tú también tendrías miedo, pero claro, nosotros no tenemos miedo porque esa linfa, esa hemoglobina, nos la vienen extrayendo tracción a sangre desde 1760 a todas y todos los occidentales y occidentalizados, poco a poco, con nuestro tiempo de vida, el de nuestros padres, nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y todos los que por más que lucharon no lograron arrancarnos de las garras del monstruo y hoy aquí estamos dentro, engullidos, preparados para ofrendar a nuestro dios dinero cada minuto de nuestra salud, nuestra memoria, nuestro instinto y habiendo ya entregado la totalidad de nuestro territorio que ya ni siquiera sabemos dónde ni cuándo existió.
Sin embargo los millonarios del 1% de hoy, esos que contaminan lo mismo que el 99% restante, sí que saben de dónde proviene su “suerte”, ya que conquistaron nuestra esclavitud en aquel 1760 y que hoy siguen al mando, como son la familia Koch, la familia Hermés, Agnelli o Wallenberg, o quienes siguen teniendo las cuerdas de estas pobres marionetas que somos, pero diversificados, como los DuPont, los Rockefeller o los Rothschild.
¿De dónde proviene su gran fortuna? pues de tu territorio, ese que ya no recuerdas, tu tiempo de vida, el de tus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y así multiplica por 8, más o menos 10 generaciones, cada una de nuestras familias ha entregado 1,080,000 horas de vida para que esas bonitas familias con esos nombres tan brillantes como anales -infantiles-, acumulen cada centavo, mientras a cada uno de tus hijos les quedan aproximadamente 67,500 horas de trabajo para que esas familias sigan acumulando más dinero inexistente y seguramente electrónico, con tu vida y la de tus hijos.
Pero el Pueblo Sarayaku sí tiene sustentado el futuro de sus hijos, sabe qué tiene que hacer y qué necesita, la tierra, el territorio, la madre de todas y todos nosotros, ese ser sobre el cual vivimos pero que a nosotros jamás nos enseñaron a respetar, ni a amar, ni a cuidar, porque a estas 7 familias y otras más no les conviene, y así fue también como mi madre decidió que yo ya no necesitaba ser bruja, sino una licenciatura y un matrimonio “conveniente”.
Es por ese motivo que, cuando la Corte IDH reconoció que esa destrucción afectó la disponibilidad de plantas medicinales y lugares de sanación, no estaban protegiendo el territorio Sarayaku únicamente, no fue cosa menor cuando la corte señaló que "los árboles que poseen propiedades medicinales son importantes para el tratamiento de enfermedades de la comunidad". La Corte incluso advirtió que la obligación Estatal de respetar el derecho a la vida puede incluir proteger fuentes de medicina tradicional, que yo prefiero llamar ancestral, gracias a mi maestra la Dra. Silvia Santiago.
El Taita Sabino Gualinga, un Yachak de 92 años, subió al estrado a decir: "La mitad de los amos de la selva ya no estaban allí. Muchos se escondieron, otros se murieron cuando se reventó. Ellos son los que sostienen la selva. Si se destruyen, las montañas se derrumban", lo que en idioma científico significa: “Sin los árboles la vida no existe”, por lo que la Corte valoró su testimonio y concluyó que la destrucción del árbol sagrado "Lispungo" vulneró su cosmovisión.
La corte claro, olvidó mencionar todo lo que implica la cosmovisión de los pueblos originarios, que no es folklore, es supervivencia ancestral, y lo dijo Trinidad José Cobaría en otro caso, el del pueblo U’wa, “La naturaleza ha durado miles de miles de años para tener ese ecosistema intacto, pero el hombre blanco en menos de diez años veinte años cien años, lo acabó”.
Por eso es tan importante que sigamos luchando para que el Derecho nacional, local e internacional proteja lo que sí nos pertenece a todos y no para nuestro beneficio individual, se trata del futuro de la humanidad y los pueblos originarios sí lo entienden, sin bibliotecas, ni universidades occidentalizadas, sino con sentido común y criterio, y también porque ellos nos ven desde fuera del monstruo y no quieren, con toda la razón, ser parte de él.
Rama 3: La medicina como resistencia y traducción
En la pandemia pudimos actuar de manera lógica, como lo hizo el pueblo Sarayacu, quien en junio de 2020, durante su Consejo de Gobierno, envió grupos a recolectar 30 platas medicinales. En aquel momento, según el cineasta Heriberto Gualinga, varios enfermos a punto de morir sobrevivieron con esa medicina.
Pero nosotros no pudimos frenar todo y dedicarnos a la vida, que es lo único verdaderamente importante, porque la economía -el monstruo- no puede parar, ni las 7 familias y sus rémoras íban a sostenernos para sobrevivir, aunque sí hubieran podido renunciar a su calentura de poder y cambiar por completo el orden mundial para lograr comunidad y un sistema a favor de la vida, pero no lo hicieron porque no quisieron.
Y no, el Dr. Gatell no es un asesino, es una persona que entendió que, viviendo dentro del monstruo y sin posibilidad alguna de huír, personas como yo, con lo mínimo necesario y dentro de la economía informal -sí, ser traductora y maestra freelance también es economía informal-, no hubieramos sobrevivido si no se nos hubiera permitido salir a trabajar. El “monstruo”, la economía extractivista especulativa, nos preparó tan bien, que hoy día ni siquiera tenemos tiempo para luchar, porque no somos dueños de nuestro territorio, alimentación, salud, porque no somos dueños de nuestro tiempo y ni siquiera sabemos lo que significa equilibrio.
El pueblo Kichwa de Sarayaku sí luchó contra el Estado ecuatoriano y la petrolera CGC en la Corte IDH y ganó. Sin embargo, la raíz del mal no estaba solo en Quito o en la junta directiva de una empresa. Estaba en Washington D.C., en la Red Atlas financiada por los Koch (¿reconoces ese apellido? Lo mencioné arriba), y en los despachos de la Fundación Ford. Mientras ExxonMobil financiaba el negacionismo climático a través de Atlas, los brazos filantrópicos de las elites diseñaban programas de “gobernanza inclusiva” que servían para desactivar la lucha anticapitalista de las comunidades, sí, comunidades como la Sarayaku.
La Corte IDH juzga el síntoma -la violación-, pero el sistema -el llamado lawfare, la cooptación y el extractivismo- sigue intacto. Cuántas cortes vamos a necesitar para “controlarlo”.
Mientras la petrolera veía recursos millonarios para los bolsillos de estas 7 familias y las migajas repartidas en el resto del 1%, Sarayaku veía salud y no como falta de enfermedad. La diferencia no era técnica Es ontológica.
Para traducir un mundo en otro, se necesitan intérpretes, sí, que no sólo traduzcan palabra por palabra, sino que den a entender todo ese mundo, esa perspectiva esa “diastopía” (por fin me aprendí la maldita palabreja esa), pero también nos urge un cambio de perspectiva jurídica: que la Selva sea reconocida como un sujeto de derechos y todos sus recursos como bienes humanos No explotables para la economía extractivista.
La Corte IDH ya sentó un precedente: la protección de las plantas medicinales es parte del derecho a la vida y a la propiedad comunal, sin embargo, el cumplimiento sigue siendo precario. Ecuador no ha garantizado plenamente la consulta ni la reparación integral.
El derecho a la salud intercultural, que signifique, no sólo hospitales y batas blancas con aparatos complejos y costosos, sino que también, además, signifique la prevención real protegida por el el Estado sin presiones económicas mercantilistas que prefieren venderle veneno a los niños antes que sacar un céntimo de sus lujosos bancos. Y esa salud, esa que proviene de la tierra, de la selva, de la comunidad, no puede garantizarse sin intérpretes que entiendan, conozcan y defiendan, pero tampoco se puede defender la salud humana sin garantías territoriales. La salud, esa salud integral, ontológica, con una cosmogonía de Equilibrio, depende de la supervivencia de los pueblos originarios y su sabiduría ancestral que protege el territorio, como la comunidad Sarayaku defiende la selva.
Tal vez el siguiente paso sea: La humanidad vs el 1% y logremos recuperar lo que siempre fue nuestro y que hoy ya ni siquiera sabemos nombrar.
Apéndice
Los Titiriteros de nuestras pobres vidas occidentalizadas (esclavisadas)
El siguiente análisis se puede dividir en dos grandes capas: la del poder corporativo que construye fábricas de ideas para desestabilizar (la Red Atlas), y la del viejo poder petrolero que se alió con la religión para conquistar mentes y territorios (la conexión Rockefeller-CIA).
Estos son los datos duros que conectan a los multimillonarios con la desestabilización de gobiernos populares en la región, sí, justo como ahora coptan personas buenas que necesitan dinero para sus buenas ideas para criticar al gobierno “total todos son iguales”.
El mecanismo principal es una red de centros de pensamiento (think tanks) que "fabrican" consenso para justificar el desmantelamiento del Estado, porque sí, tú odias al estado… pero sí sabes porqué? o… ¿Por quién?
¿Quiénes son y qué quieren?
Es una organización paraguas (o "Red") que conecta a más de 500 fundaciones y ONG en 100 países.
Su objetivo explícito es cambiar lo que la gente considera "políticamente posible" para imponer una agenda de libre mercado extremo (privatizaciones, desregulación, recortes a programas sociales), sin importar la voluntad popular.
¿Quién la financia? El nexo con las familias del 1%
La fuente principal son los hermanos Koch (Charles y David), ¡sí! Ni siquiera buscaron un prestanombres, ¿lo puedes creer?. Su fundación es la columna vertebral financiera de Atlas.
También participan la Fundación Bradley, Templeton, Lilly Endowment, y durante años, ExxonMobil y Philip Morris. Estas dos últimas usaron la red para promover el negacionismo climático y sabotear regulaciones que las afectaban.
¿Qué vínculos tienen con el gobierno de EE. UU. y la desestabilización?
Atlas es una extensión táctica de la política exterior de Washington. Funciona como una vía "privada" para canalizar fondos públicos y llevar a cabo acciones de interferencia.
El Departamento de Estado y la Fundación Nacional para la Democracia (NED) son sus principales socios. La NED es el famoso brazo de "soft power" de la CIA durante la Guerra Fría.
Casos concretos comprobados:
Brasil: Ayudaron a orquestar las protestas masivas y los argumentos mediáticos que llevaron al juicio político (impeachment) de Dilma Rousseff en 2016.
Venezuela: Desde finales de los 90, la red Atlas (con fondos de USAID y la NED) entrenó y financió a grupos opositores para deslegitimar a Hugo Chávez. Documentos filtrados de la CIA muestran que incluso apoyaron el golpe de Estado de 2002.
Bolivia y Perú: Han participado activamente en la construcción de la narrativa de "fraude" contra Evo Morales y en los procesos de lawfare contra Pedro Castillo.
El dato más delicado (El brazo juvenil)
Atlas tiene un ejército de jóvenes activistas llamado "Students for Liberty" (Estudiantes por la Libertad). Operan en universidades de toda América Latina, donde organizan, capacitan y financian a jóvenes para que demonicen a los gobiernos de izquierda y glorifiquen el libre mercado.
La otra pata de esta historia, la más antigua, es la del Poder Rockefeller. Aquí la información es demoledora y se centra en cómo se utilizó la filantropía y la religión para facilitar el saqueo.
El Plan Marshall para América Latina (CIA y Petróleo)
El libro "Thy Will Be Done" (disponible en bibliotecas digitales) documenta cómo Nelson Rockefeller (heredero de Standard Oil, ex vicepresidente de EE. UU.) usó la Oficina de Asuntos Interamericanos (durante la Segunda Guerra Mundial) para tejer una alianza secreta entre la inteligencia estadounidense y las élites latinoamericanas.
Fue el nexo entre la Casa Blanca y la CIA para derrocar gobiernos que no fueran "amigables" a los intereses petroleros de su familia.
La Alianza Macabra: Dinero + Biblia + Petróleo
Rockefeller se alió con William Cameron Townsend, fundador del Instituto Lingüístico de Verano (Wycliffe Bible Translators).
El modus operandi era: Misioneros evangelizaban a comunidades indígenas aisladas (como los Kichwa, nuestros colegas, hermanas, hermanos), "pacificándolas" y desarticulando sus culturas, justo antes de que las petroleras entraran a explotar los recursos de sus tierras.
Fundación Ford: ¿Humanitarismo o Fachada?
La Fundación Ford sí aparece vinculada a estos intereses, aunque como un "fondo de inversión con fines de lucro" disfrazado.
Cooptaron a líderes comunitarios y a ONG para desviar la lucha indígena hacia el ambientalismo light o el multiculturalismo simbólico, mientras se vaciaba de contenido anticapitalista la discusión, sólo necesitamos deshacernos del ejército y los gobiernos de izquierda, la economía estractivista está bien, ¡tal vez sólo le cambiemos el nombre eventualmente!
Referencias inmediatas (falta todo lo que ya había leído y sabía de antes, más todo lo que he aprendido viviendo, observando y respondiéndome preguntas).
Alai Red de Información Alternativa. (2017). Red Atlas, libertarios de ultraderecha: entramado civil detrás de la ofensiva capitalista en Latinoamérica.https://www.alainet.org/es/articulo/188525
Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2012). Caso del Pueblo Indígena Kichwa de Sarayaku vs. Ecuador. Sentencia de 27 de junio de 2012 (Fondo y Reparaciones). Serie C No. 245. https://www.corteidh.or.cr/docs/casos/articulos/seriec_245_esp.pdf
Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2018). Cuadernillo de jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos No. 11: Pueblos Indígenas y Tribales. Corte IDH-GIZ.
Colby, G., & Dennett, C. (1995). Thy will be done: The conquest of the Amazon: Nelson Rockefeller and evangelism in the age of oil. HarperCollins.
Gualinga, E. (Director). (2022). Helena de Sarayaku [Película documental]. https://www.film-documentaire.fr/4DACTION/w_liste_generique/C_156166_F
Hortas, A. (Director). (2014). El caso Sarayaku [Cortometraje documental]. (Disponible en YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=cCC4oxX_-yE)
Imbaquingo, M. C. (2018). Constitucionalismo plurinacional en Ecuador y Bolivia a partir de los sistemas de vida de los pueblos indígenas [Tesis de maestría, Universidad Andina Simón Bolívar]. Repositorio Institucional.
Oxfam Intermón. (2023, noviembre 20). Igualdad climática: Un planeta para el 99%. https://www.oxfamintermon.org/es/publicacion/igualdad-climatica-un-planeta-para-el-99 (El dato del 1% vs 99% de contaminación)
Pueblo Originario Kichwa de Sarayaku. (2024). Kawsak Sacha - Selva Viviente, ser vivo y consciente, sujeto de derechos. https://sarayaku.org/
Sistema Argentino de Información Jurídica (SAIJ). (2020). Los desafíos del litigio en materia de derechos económicos, sociales y culturales. Ministerio Público Fiscal de la Nación. https://repositorio.mpd.gov.ar/jspui/bitstream/123456789/3819/1/Los%20desaf%C3%ADos%20del%20litigio%20en%20materia%20de%20derechos%20econ%C3%B3micos%2C%20sociales%20y%20culturales.pdf