Los altos costos de la falta de comunicación
Coacalco, Edo. Mex. 04/04/2026 Lic. Diana González Ovando CMI-Spanish
Afectaciones en la economía mexicana debido a los prejuicios y la falta de comunicación en el contexto de salud
Cuando hablamos de servicios de salud a nivel intercultural, a menudo se nos ocurre pensar en ética, derechos humanos y equidad, nunca dejaré de aplaudir el humanismo que a mi parecer es lo más importante. Sin embargo, el conflicto surge cuando comenzamos a hablar de gastos, dinero y economía.
Pagar intérpretes y traductores, financiar agencias de interpretación y traducción, y claro, décadas de sistematización neoliberal nos dejaron la enseñanza de que todo lo ético, humanista y equitativo resulta improductivo y caro a nivel masivo, pero, ¿acaso es verdad?
¿Si hoy con artículos serios y datos duros te demuestro que es al contrario? La ética, la equidad y el favorecer a los derechos humanos nos llevan a largo y corto plazo, en lo micro y en lo macro, a ahorrar dinero y recursos que se pueden utilizar para ofrecer más servicios y de mejor calidad, abriendo un espiral ascendente en la producción y prosperidad de nuestro país.
Tristemente, es difícil encontrar datos sobre cuánto producen los pueblos originarios, también es triste pensar que durante décadas nos han hecho pensar que los ciudadanos somos acreedores de políticas sociales y poco se habla de cuánto producimos y cuánto valemos cada uno de nosotros para la sociedad.
Los discursos están llenos de cosas como “dar la oportunidad a un joven para que estudie”, “dar la oportunidad a una madre para que dé a luz en un lugar seguro”, “dar la oportunidad”, cuando en realidad ese joven es el que le da la oportunidad a la nación de ser más grande y mejor, esa madre le da la oportunidad a la nación a tener un miembro activo, sano y, por lo tanto, productivo. La nación no nos debe dar oportunidades, somos nosotros, los que le damos la oportunidad a la nación de ser grande, fortalecerse y brillar en el campo, ganadería, artes, ciencias y deportes.
Es por ello que una sociedad y una nación fuerte debe asegurar la salud de cada uno de sus ciudadanos, incluyendo por supuesto a los pueblos originarios, con equidad, igualdad y respeto.
He leído datos tan disímiles como que si los pueblos originarios en México fueran una nación independiente serían la 66a potencia mundial, lo leí alguna vez y ahora ya no puedo encontrar la fuente, en ese artículo mencionaban que aportan el 8.3% del PIB nacional. Ahora encuentro una cifra del 1.2%, a pesar de que los pueblos indígenas son los que aportan el 70% de población dedicada a la actividad agrícola y ganadera, a la que llaman “menor”, únicamente porque no estamos hablando de las grandes industrias que, tema aparte, contaminan nuestra nación e intoxican nuestros alimentos con químicos dañinos para la salud, tema que sí nos atañe en este artículo, provocando enormes problemas de salud que resultan al final increíblemente costosos, a largo plazo, tanto en vidas, como en bienestar y sí, muy costosos si hablamos a nivel macroeconómico, no por nada en Europa están prohibidos ciertos conservantes y aditivos cuya única función es que el producto sea más rentable para la empresa y su posición en la bolsa de valores, y cuya aportación al PIB o la economía de los hogares resulta insostenible si hablamos del enorme gasto que conlleva tratar las enfermedades que han producido y que siguen produciendo, gastos que no solo se ven reflejados en la economía macro, donde una nación entera tiene que sostener dichas enfermedades, poniendo en riesgo además las pensiones de los futuros pensionados (que por cierto somos nosotros), ya que si seguimos en esta racha no habrá quiénes paguen dichas pensiones. En lo micro parece rentable hoy alimentar a la familia y los hijos con comida llenadora y económica, sin darse cuenta cuánto pagarán ellos por tener padres enfermos a largo plazo.
Menciono todo esto, ya que estamos hablando de salud en micro y macroeconomía, y los pueblos indígenas no dejan de ser consumidores, por lo que representarlos con el 1.2% del PIB me parece muy injusto y contradictorio, por lo que realicé, con ayuda de una inteligencia artificial, pues soy intérprete médica y lingüista, no economista, la siguiente cifra solo para Oaxaca del 7.92% del PIB anual de Oaxaca, aquí el resumen y dejo en la cita la página donde encontrarán el resto:
Resumen:
PIBE nominal Oaxaca 2023: 579,907,000,000 MXN. (INEGI — PIBE 2023).
Estimación anual atribuible a población indígena (Variante autoadscripción): 45,952,841,426 MXN ≈ 7.92% del PIBE. (Estimación reproducible basada en ENIGH 2022 + Censo 2020; pasos documentados en la metodología ya enviada). (Chat GPT & Gonzalez, 2025)
Si hoy día produce el 7.9% del PIBE una población marginada y desigual, llena de carencias en nivel de salud, ¿cuánto podríamos conseguir como país con una población saludable?
Recordemos además, que la población indígena cuenta con el 70% de sus miembros trabajando las jornadas más difíciles y exhaustivas, hablando de agricultura, floricultura, pesca y ganadería (INEGI, 2020), con una profesión tan especializada que ni siquiera 4 años de licenciatura, 3 de maestría y 4 de doctorado podrían ser suficientes, porque cuando hablamos de agricultura y ganadería tradicional, esa que no contamina, esa que no requiere de aditivos y químicos nocivos, estamos hablando de generaciones enteras con la sabiduría transmitida de padres a hijos y una profesión que requiere ser aprendida desde pequeños mediante la observación y la práctica, por lo que ya podemos imaginar que proteger y cuidar a estos profesionales, debería de ser nuestra principal preocupación, y para lograrlo necesitamos que profesionales de la salud les entiendan correctamente.
El párrafo anterior nos hace mucho más sentido, si además consideramos que quienes vivimos en ciudades occidentalizadas y estamos lejos del campo y la agronomía, viviendo de un sueldo que nos mantiene al menos 8 horas en modo sedentario, nos beneficiaríamos mucho de tener más alimentos naturales provenientes directamente de esta producción tradicional de la que hablamos arriba, no solo incrementando nuestra productividad en micro, sino en macro, una persona saludable a largo plazo, no solo produce más en un corto plazo, sino que produce por más tiempo, asegurando las pensiones de las generaciones venideras, incluyendo la nuestra, por cierto.
Ciudadanos con un alto nivel de bienestar van a producir más.
¿Cómo lograr esto a nivel salud?
La respuesta es: mediante una alimentación saludable basada en alimentos naturales, no ultraprocesados, producidos en granjas tradicionales, para eso necesitamos más campesinos, mejor distribuidos, para que los alimentos no viajen por tanto tiempo, quemando combustibles y gastando recursos innecesariamente. Esos campesinos a su vez deben tener un alto nivel de bienestar, con un excelente sistema de salud que los entienda en sus propios idiomas y los atienda con la mejor calidad.
Así creamos un círculo virtuoso de bienestar ciudadano, elevando los niveles de producción y productividad para lograr una nación rica y fuerte.
A pesar de los muchos esfuerzos, el sistema de salud sigue siendo precario, ofreciéndole a cualquier ciudadano largas filas, esperas de más de dos horas para solicitar una incapacidad emergente, negando el servicio de facto, aunque en las leyes se diga lo contrario.
Cada vez que su servidora tiene una gripe o una laringitis que le impida realizar su trabajo de interpretación, me pregunto si mejor debo seguir trabajando y poner en riesgo mi garganta y oídos, o irme a una sala helada en la UMF 91 durante aproximadamente 3 horas en una unifila y saber que tardaré más en sanar, porque obviamente a cualquier persona enferma le irá bastante mal si va a esperar varias horas en un pasillo frío y lleno de enfermos, solo para obtener una incapacidad, que además solo será pagada si dura más de 4 días, cosa que casi nunca sucede, aunque sí lo amerite.
Y siempre que su servidora se enfrenta a nuestro servicio de salud, IMSS, pienso: “si esto nos ocurre a personas que hablamos el mismo idioma de la mayoría… cómo le irá a mis hermanos de los pueblos originarios…”
Ojalá que el lenguaje fuera la única barrera a la que los usuarios de pueblos originarios se enfrentan, pero lamentablemente con las barreras lingüísticas también llegan los prejuicios.
Un prejuicio es un pensamiento negativo que se asocia con un grupo de personas simplemente por el hecho de pertenecer a ese grupo, sin considerar contextos o entornos particulares.
Algunos de los prejuicios que su servidora ha encontrado como intérprete son:
“Los usuarios pertenecientes a las comunidades originarias no se toman los medicamentos, sino que los venden, por lo que hay casos en los que no se les prescriben o no se les entregan, que porque si no los compran con su dinero no se los van a tomar.”
“Los usuarios pertenecientes a las comunidades originarias no entienden de salud, ni medicina, por lo que no se les explica, tampoco se les dan diagnósticos, solo se escribe en el expediente.”
“Los usuarios pertenecientes a las comunidades originarias revisan qué les sale más barato, si enterrar al familiar o asumir los costos de su tratamiento, por eso no es tan importante atenderlos cuando es algo grabe, igual van a preferir el entierro que cuesta menos.”
“Para los usuarios pertenecientes a las comunidades originarias los hijos solo tienen valor si pueden trabajar, por eso no hay que esforzarse mucho si los niños van a quedar con alguna discapacidad.”
Estos prejuicios alteran gravemente el resultado de un tratamiento (Allport, 1954), no únicamente porque los profesionales de la salud toman decisiones sesgadas (Chapman et al., 2013), sino también porque los humanos somos seres muy sensibles emocionalmente y el éxito en nuestro tratamiento médico depende mucho de cómo nos sentimos dentro de un consultorio o sala de hospital. (Benedetti, 2014)
Los humanos somos tan sensibles emocionalmente, que el hecho de sentirse asustado, nervioso, ignorado e incomprendido en una sala de hospital o consultorio altera de manera importante el resultado del tratamiento, sin importar qué tan especializado esté. (Sapolsky, 2004)
La cantidad de investigaciones que respaldan la importancia de sentirse acompañado y escuchado durante las sesiones médicas es amplia y contundente, (Kiecolt-Glaser et al., n.d.) en su investigación mencionan que cuando un paciente no tiene una correcta comprensión de su diagnóstico y, por tanto, no tienen la confianza al profesional de la salud y tratamiento, pacientes experimentan lo siguiente:
Altos niveles inflamatorios que empeoran enfermedades crónicas
Respuestas de linfocitos T más lentas, o sea, bajo combate a las infecciones
Lenta recuperación postoperatoria
Anécdotas vividas en la práctica de la interpretación
Su servidora trabaja como intérprete médica desde hace 4 años, acumulando 4,175 horas de interpretación médica de manera profesional y otras 300 horas en prácticas académicas durante mi instrucción.
A diario atiendo sesiones con hablantes de idiomas originarios, a veces con personal médico empático y otras tantas no, aquí presento las tres sesiones que más me marcaron por el horror vivido por pacientes.
Atendí una sesión de emergencia, donde la paciente había perdido a su bebé días atrás, presentaba un aborto retenido con infección y sepsis (que es la infección ya presente en la sangre), además estaba muy deshidratada. La paciente hablaba un idioma originario y a todo respondía “sí está bien”, por lo que sospeché que no estaba entendiendo, sin embargo, cuando la doctora le informó que su bebé estaba muerto dentro de su vientre y ella respondió “sí está bien”, sin ninguna reacción, ambas estuvimos seguras de que efectivamente no estaba entendiendo nada.
Traté de encontrar un intérprete de dicho idioma, es común que trabajemos siendo dos intérpretes en la sesión, un intérprete de idioma originario-español y un intérprete español-inglés, lo intenté por 20 o 30 minutos sin éxito, la paciente no tenía amigos o familiares a su lado en ese momento, pero al parecer un legrado era fundamental para salvar su útero, ella ya había firmado el consentimiento, sin entenderlo, pero estaba firmado, por lo que la doctora me comentó que agradecía mis esfuerzos, pero que si a lo largo de la noche su condición empeoraba y era fundamental realizar el legrado para salvar su vida, lo harían.
Me sigo preguntando cómo está esa mujer, hermana, hija, amiga, esposa, tal vez madre, una persona cuyo corazón despertaría roto y adolorido al día siguiente, cuando llegara finalmente su familia o amigos y pudieran explicarle lo que pasó.
En una ocasión ingresé a una sesión con un hombre que a penas hablaba, pronunciaba pocas palabras y mal articuladas, la enfermera afortunadamente decidió, como medio final, llamar a un intérprete oriundo de México, que era el lugar de origen que aparecía en el pasaporte del paciente. Sigo agradeciendo cada minuto que haya sido yo, con toda la empatía y la paciencia, intenté comunicarle las preguntas de la enfermera, pero sin éxito, fueron muchos los signos que me dieron a entender que era hablante de un idioma originario, por ciertas respuestas que sí aportaba, le pregunté “¿además de español, qué otro idioma habla?”, tuve que repetir la pregunta varias veces, de diferentes maneras y finalmente me respondió con una sonrisa, tanto la enfermera como su servidora notamos cómo brillaron sus ojos finalmente y hubo una respuesta emocional, que era lo que necesitaban para detectar que el paciente no era psiquiátrico, por lo que anotó el idioma y me dijo que buscaría intérpretes o se esforzarían más por localizar a sus familiares. La enfermera me dijo que me agradecía mucho por la paciencia y el esfuerzo de haber identificado el idioma, porque estaban por administrarle medicamentos psiquiátricos que podrían alterar su salud mental.
No dejo de pensar en tantos hermanos y hermanas de pueblos originarios que tal vez vagan en un pabellón psiquiátrico después de haber sido mal diagnosticados y administrados con medicamentos que no necesitaban. Vidas perdidas, únicamente por no entender su idioma.
En una ocasión ingresé a una sesión donde una pareja tenía la revisión de un paciente varón, su esposa era la que normalmente hacía las interpretaciones, pero este doctor en particular solicitó sí o sí un intérprete. La sorpresa del doctor es que la esposa seguía traduciendo para él, a lo que comuniqué que el paciente hablaba un idioma de los pueblos originarios, me pidió buscar un intérprete de dicho idioma, cosa que hice, pero sin éxito; mientras continuamos con la sesión, tanto el médico como su servidora pusimos mucha atención en estar seguros de que la comprensión era correcta, el paciente se quejaba de “frialdad” en los pies y piernas, por lo que le habían realizado ya varios rayos x para identificar artritis, pero no tenía artritis, así que el doctor y su servidora nos esforzamos bastante hasta que identificamos, después de muchos intentos, que lo que el paciente llamaba “frialdad” era un hormigueo constante con dolor severo en las plantas de los pies, a lo que el doctor respondió que eso debía ser por la neuropatía diabética, y le prescribió gabapentina, pero su esposa y él estaban muy extrañados, se volteaban a ver uno al otro y hablaban, el médico les explicó qué es la neuropatía diabética y por qué se da, pero ellos estaban sumamente extrañados, de pronto el doctor preguntó cuál era su sorpresa y respondieron que no sabían que el paciente era diabético, el doctor les comentó que llevaba 20 años con ese diagnóstico en su expediente, que esa era la razón por la cual tomaba metformina, glipizida y Jardiance (empaglifozina).
El paciente se puso a llorar cuando el doctor le informó que el dolor y hormigueo y la sensación de tener vaporub en los pies, “frialdad”, no se le iba a quitar, era incurable. Por la traducción de su esposa supimos que él se hubiera cuidado, que comía bien, que hubiera bajado de peso y hubiera hecho ejercicio, pero que no supo que sus niveles de azúcar estuvieron fuera de control durante 20 años.
Ese fue el primer paciente que atendí, el que me hizo despertar, el que me hizo darme cuenta de que la situación lingüística en hospitales tiene que cambiar, con él se me rompió el corazón y sigue rompiéndose cada semana con una nueva anécdota similar.
Cuando inicié como intérprete creí que la peor pesadilla de un intérprete era equivocarse, pronto descubrí que la peor pesadilla de un intérprete es no poder hacer su trabajo, es decir, no lograr asegurar la comunicación porque no hay intérprete que hable ese par de idiomas solicitados.
Un intérprete médico, intérprete sanitario o intérprete de salud, es una persona que domina al menos dos idiomas, tiene un amplio conocimiento en temas de salud, como anatomía, fisiología, higiene, terapia y profilaxis, además de un profundo conocimiento sobre la cultura de su idioma meta, en nuestro caso sería, el idioma originario.
Estos profesionales realizamos interpretación consecutiva, es decir, escuchamos al emisor en su idioma, tomamos notas con símbolos que nosotros mismos hemos creado para detonar nuestra memoria y una vez que el emisor ha terminado, esperamos menos de tres segundos y rendimos la interpretación en el idioma del receptor.
En una sesión médica esto resulta de vital importancia, ya que asegura la correcta comunicación entre paciente y profesional de la salud, porque el intérprete:
No omite
No agrega
No intercambia el orden de lo dicho (tiene sus excepciones en contextos lingüísticos, donde el orden que ofrece el emisor hace incomprensible el mensaje en el idioma meta)
No intercambia el significado (no editorializa)
Aplica protocolos para preguntar lo que no comprendió de manera ordenada y ágil
Repitiendo exactamente lo que se dijo como se dijo, (en 1a persona). Por ejemplo, si la paciente dijo “yo no tengo tos”, traducimos: “yo no tengo tos”, pero si la paciente dice “ella no tiene tos”, traducimos “ella no tiene tos”, sin embargo, podemos intervenir y preguntar o aclarar y modificar en caso necesario para asegurar una correcta comprensión.
Refiriéndose a sí mismo como “el/la intérprete” cuando necesita usar su propia voz (por ejemplo: “el intérprete está hablando, puede repetir por favor” o más ágil aún, “el intérprete necesita repetición”)
Incluyendo información cultural relevante que podría cambiar el tratamiento o diagnóstico, por ejemplo en:
“me tomé un té caliente”, advertimos al profesional de la salud, que no necesariamente implica temperatura, sino el tipo de hierba o remedio con la cual fue preparado el té, por ejemplo orégano.
Se realiza traduciendo exactamente “me tomé un té caliente” y agregando inmediatamente: “el/la intérprete quiere hacer una apreciación cultural, esto no necesariamente implica la temperatura del té, sino la hierba o remedio con que se preparó, como ejemplo el té de orégano es un té caliente”.
Otra opción más ágil es: “me tomé un té caliente”, “la intérprete le sugiere que pregunte qué tipo de té tomó, ya que esa palabra no necesariamente implica temperatura”.
Solicitando al profesional de la salud que baje el registro o que explique los términos técnicos, esto significa que hable de manera menos técnica porque pacientes o familiares no están comprendiendo, o que explique dichos términos una vez dichos. En algunos idiomas originarios no es necesario porque la traducción implica desverbalización, es decir, la traducción de “Resonancia Magnética” es: “El aparato que parece una dona y te meten para revisarte por dentro”. (Castro Yáñez & Chaparro Inzunza, 2014, 1-10)
Solicitando de manera ágli:
repetición, cuando no está claro el mensaje
aclaración, cuando solo parte del mensaje no se entiende
verificación, cuando necesitamos comprobar por ejemplo una dosis
deletreo, cuando a pesar de la aclaración de algún término técnico no quedó claro, como por ejemplo en: “derivación ventriculoperitoneal” o “colangiopancreatografía retrógrada endoscópica”.
(NCIHC, 2005), (IMIA, 2007)
Esto no solo asegura que las palabras de profesionales de la salud llegarán íntegras al paciente y viceversa, sino que le devuelve la dignidad tanto al profesional de la salud como al paciente, donde profesionales de la salud tendrán la seguridad de que su profesión se está llevando a cabo con toda dignidad y apreciación, y también la da dignidad a pacientes, asegurándoles un acompañamiento de salud efectivo y un tratamiento en el que pueden confiar.
Cuando finalmente logramos entender, mediante un intérprete, lo que “el otro” está diciendo, logramos la empatía, es ahí cuando nos damos cuenta de que “el otro” es una persona igual a nosotros, con similitudes y diferencias como todos, con dolor y pena, con alegrías y metas. Ese es el momento en el que logramos el reconocimiento del otro como un igual, con diferencias legítimas, que nos toca respetar y aceptar para convivir en una sociedad justa y equitativa. (Honneth, 1995)
El reconocimiento del otro implica:
Aceptación de las diferencias
Aceptar nuestras diferencias con otras personas, etnias, grupos, implica no únicamente aceptar sus diferencias, y aceptar que el otro merece respeto por sus diferencias, es aceptar que nosotros merecemos respeto con las nuestras. (Taylor, 1992)
Desarrollo de la identidad
No existen dos personas idénticas, no importa que pertenezcas a la misma nación, religión y familia, cada uno tenemos nuestra identidad, tener identidad implica no únicamente sentirse satisfecho y seguro, implica que tendremos la seguridad de transmitir nuestras ideas y descubrimientos, implica que cada individuo tiene algo importante que aportar a la comunidad y a veces incluso a la humanidad entera. (Sen, 2006)
Los genios que han hecho grandes descubrimientos e invenciones que cambiaron a la humanidad para bien, no son personas que se guardaron sus ideas por miedo a ser juzgados como “el otro”, aunque muchas veces lucharon contra corriente, son personas que abiertamente entienden que tienen derecho y obligación de aportar sus ideas, mientras reciben el beneficio de las ideas de los demás. (Honneth, 1995)
Base de la convivencia
Una sociedad que ha empatizado con todos sus miembros, con individuos que en lugar de verse encerrados en una ideología individualista, abren las posibilidades a encontrar y descubrir en los demás la aceptación y el respeto. Se trata de dar a cada individuo el poder de recibir y aportar, al mismo tiempo que encuentra un único límite en su libertar, ese único límite es la libertad del otro, ser libres sin atentar contra la libertad del otro. (Habermas, 1981)
Asegurar puentes de comunicación no solo implica que los pueblos originarios recibirán la dignidad que se merecen, implica que los occidentales y occidentalizados tendremos el privilegio de aprender de sus conocimientos, sabiduría y futuras ideas. En México somos 130.9 millones de personas, cada una con cerebros idénticos en poder y alcance, negarle a una persona la capacidad de comunicarse con el resto, es negarle a la sociedad entera la posibilidad de beneficiarse con sus ideas.
En un mundo en peligro de sufrir catastróficas consecuencias ambientales, puede ser México el que le enseñe al mundo que 130 millones de cerebros piensan mejor que unos pocos provenientes de las élites. (Page, 2007)
Haciendo una reflexión, recientemente leí sobre “el hombre más solo del mundo”, se dice de un indígena ecuatoriano que vivió completamente aislado y solo después de que todo su pueblo fue asesinado, él no hablaba español, ni ningún otro idioma, así que el resto de su vida vivió aislado en la selva sin querer tener contacto con nadie. Recién lo leí y pensé, tal vez los conocimientos de su pueblo tenían el poder de frenar la pandemia, las plantas y remedios que ellos conocían jamás se conocerán. Salvar a los pueblos originarios, no es un acto humanitario, es una necesidad de preservación. (Toledo & Barrera-Bassols, 2008)
Ya hemos hablado sobre cómo personas saludables y con bienestar enriquecen a una nación, no únicamente de manera ética o social, sino que realmente contribuyen a que una nación tenga mayores ingresos, puesto que una persona saludable y con bienestar produce más, mejor y por más tiempo.
Todo lo explicado arriba debería ser suficiente para nuestro propósito, sin embargo, aunque tenemos muy claro que el bienestar produce riqueza palpable para una nación, generalmente en temas de gobierno nos encontramos con recursos fragmentados y dispersados en silos, así que seré mucho más clara con respecto a cómo puede ahorrar directamente el IMSS en cuanto a sus recursos cuando hay un intérprete médico calificado de por medio.
En el hospital Cambridge Health Alliance, un estudio reveló que por cada dólar invertido en un intérprete, el hospital ahorró 4.17 dólares, lo cual significa más del 400% en ahorro, es decir, resulta una inversión clara y positiva con un retorno de inversión palpable. ¿Por qué y cómo ocurrió esto? La razón, se evitaron errores médicos, análisis innecesarios, readmisiones y días extra de hospitalización. (Jacobs et al., 2004, 866-869).
Haciendo una revisión más profunda, encontramos que cuando un profesional de la salud tiene una correcta comunicación con el paciente, tenemos mayor capacidad de prevenir, no únicamente a nivel de salud preventiva, también prevenimos los daños clínicos y evitamos errores médicos. Con esto ahorramos miles de pesos. (Flores, 2005, 255-299)
Aquí la salud preventiva se vuelve clave de todo, y por supuesto significa también ahorros a nivel micro y macro, es decir, en lo individual y lo colectivo.
Por poner un ejemplo, la diabetes correctamente tratada y bajo control, tiene un costo anual de 8000 pesos anuales por persona, mientras una persona con pie diabético, requiriendo una amputación, tiene un costo por persona de más de 300 mil pesos anuales. (Torres-Machorro, 2020)
Abriendo los datos al PIB, obtenemos que los problemas de salud implican gastos millonarios al PIB, cuando una persona en vez de asistir al médico para prevenir, decide no ir al médico porque “igual nadie me va a entender”, entonces el país entero pierde, no solo una familia pierde a un miembro, no solo una persona pierde la salud, la misma sociedad pierde un ser productivo, y esto visto desde la comunidad entera, como nación, se ve así en números:
La atención médica de diabetes mellitus tipo dos en México asciende a 102,899 millones de pesos anuales.
La hipertensión arterial nos cuesta 29,949 millones de pesos anuales.
La obesidad nos cuesta 67,234 millones de pesos anuales.
El IMCO ha calculado que en 2017 se hubieran podido construir 10 estadios aztecas con lo que costó atender la diabetes ese año. (IMCO), 2018)
Si estos montos parecieran poco, les dejo aquí la tabla que presenta Torres-Machorro en su artículo del 2020, la cito tal cual:
(Torres-Machorro, 2020)
Conclusión
Hemos encontrado, a lo largo de este artículo, todos los gastos, ahorros y ética que envuelven el uso de un intérprete médico calificado, donde la formación y contratación de intérpretes médicos en cada hospital, no únicamente dista mucho de representar un gasto, sino que representan un ahorro a corto, mediano y largo plazo.
Tanto la Organización Mundial de la Salud como la Organización Panamericana de la Salud enfatizan en la comunicación intercultural efectiva, la nombran como un pilar de la cobertura universal de salud, donde los sistemas sanitarios fuertes basan su éxito en la accesibilidad y la calidad lo que incluye entender correctamente a los pacientes. (OMS & OPS), 2018)
Cada paciente que llega a un hospital sin contar con un intérprete médico calificado, encontrará una barrera tanto para explicar con precisión lo que le ocurre, como para regresar para darle seguimiento y prevención a futuras enfermedades. (Divi et al., 2007) Lo cual implica cifras en contra, tanto para el sistema de salud como para el país.
Cada profesional de la salud estudia su profesión con vocación de servicio, dicha vocación se ve mermada cuando vas fracaso tras fracaso, encontrando falta de comprensión, poco entendimiento e incluso muertes incoherentes en nuestros días. Eso quita la dignidad de su labor e incrementa los prejuicios, apartándonos cada vez más de “el otro”.
Cada paciente que entra a un hospital o clínica y no encuentra ayuda, protección, empatía ni comprensión, se aleja o incluso muere, con una profunda falta de dignidad para él o ella y sus familiares, esto intensifica la separación, el odio y nos aparta cada vez más de “el otro”.
Las y los intérpretes médicos no solo existimos para mejorar la comunicación, hacemos efectivos los principios de equidad y justicia social en el sistema de salud, porque no basta con ofrecer un sistema de salud gratuito, es necesario que las personas de verdad puedan usarlo de manera efectiva y eso es equidad, donde pensamos en el contexto que asegura el acceso de cada mexicana y mexicano, aceptando que somos un país intercultural con cientos de idiomas diferentes que requieren ser reconocidos, no porque “lo merezcan” sus hablantes, sino porque nosotros, como nación, nos merecemos tener el privilegio de escucharles.
Referencias
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